Salimos rápidamente de Madrid con la misma sensación de huida que cuando es vacaciones o un puente cualquiera y enfilamos la A-2 hacia Guadalajara. Una vez pasamos Guadalajara, ponemos rumbo a la Alcarria. Al llegar a Torija y su imponente castillo nos salimos de la nacional y seguimos la ruta hacia nuestro destino final:Valdegrudas. En este corto y polvoriento camino por el que ya circulamos de manera sosegada, nos vienen a la mente muchos recuerdos de una Alcarria con un pasado esplendoroso cuna, entre otros, de Ana de Mendoza, princesa de Ebolí e hija de los Duques de Mendoza. Justo antes de llegar a nuestro destino final, empezamos a descubrir con nuestro vehículo una loma y desde ahí en los altos se divisa el pueblo de Valdegrudas y delante el huerto de Juan.
El huerto de Juan no es un huerto como los demás. En él se respira amor por la Naturaleza y la ciencia del agricultor, que durante miles de años con sus manos callosas ha arado la tierra y ha aprendido que éste es un oficio en el que hay que mirar al cielo, pero sobre todo hay que mirar al suelo de donde mana esa riqueza que sólo él nos ofrece en forma de tomates, acelgas, judías verdes, calabacines, lechugas y otros manjares que para aquellos que vivimos en Madrid, ya hemos olvidado los verdaderos sabores de esos productos.
Juan como persona inquieta y curiosa que es, está concienciado y preocupado por ofrecer productos ecológicos de calidad en su huerto y siempre está dispuesto a enseñar a aquéllos que lleguen a Valdegrudas los misterios y secretos de su huerto. Su magisterio le ha llevado a fundar una cooperativa ecológica asociándose con productores ecológicos de diversa índole. Es una delicia escuchar como defiende lo que él hace, buscando la pureza del producto y no la mera venta del producto. Para aquellos que sólo defienden el mercantilismo en los negocios, le tildarían de romántico, utópico y soñador, pero Juan es como es.